republica1El tiempo desdibuja de forma natural la huella del pasado, los años se acumulan y los pocos rastros de la verdad desnuda han de ser por fuerza interpretados, tamizados por la memoria y las coordenadas ideológicas de quienes lo vivieron y de sus descendientes. Si hablamos de estados, y de hechos acaecidos a décadas de distancia, entran en juego la selectiva memoria colectiva, la educación recibida y el devenir político y social del país en ese tiempo.

 

A muchos ciudadanos la II República Española les suena muy lejana; utilizada por unos y por otros, enarbolada como referente y bandera social sin mácula por parte de la izquierda y como tema tabú, germen de una guerra fratricida, por parte de la derecha española; idealizada por unos, maltratada por otros.

 

Hoy, algunos celebramos el aniversario de la proclamación de la II República Española como el recuerdo imborrable de un período corto de la historia de este país -amalgama asimétrica y en ocasiones forzada de pueblos, costumbres, lenguas y sensibilidades- en el que, al contrario de lo habitual, se instauró un modo de gobernar eminentemente basado en aspectos sociales y políticos más moderados y muy alejados de las costumbres imperantes de la época, que nos situaron a la vanguardia de Europa.

 

En aquella efímera y débil II República, se dieron pasos de gigante hacia la igualdad de la mujer, con el reconocimiento del sufragio universal por primera vez en la historia de España; se buscó una sociedad más tolerante, con la libertad ideológica y de pensamiento –con evidente distancia con respecto a la actual, pero pionera al fin y al cabo-; se avanzó hacia la separación de poderes en un país bajo las garras de los estamentos más pudientes e influyentes; se inició la separación entre Iglesia y Estado y se plantaron las bases de la laicidad del segundo; la garantía del derecho a reunión y manifestación pacífica; el reconocimiento del derecho al aborto y al divorcio como pilares de la libertad femenina y masculina; la reforma agraria… la lista es larga.

 

republica2Bien es cierto que ni siquiera la II República Española está libre de sombras, y también cometió errores de bulto, no sólo en la gestión de lo público, sino en la relación entre el Estado y los ciudadanos descontentos que, deseosos de una mayor apertura política y social, se manifestaron a favor de presionar el acelerador de las reformas. O incluso, está claro que no supo gestionar el rencor de aquellos que salieron perdiendo con una mayor libertad de la mayoría.

 

Pero hoy, Junts per Sant Feliu, como otros movimientos políticos afines al republicanismo y en contra de la falta de elección ciudadana que representan instituciones como la monarquía hereditaria borbónica, celebra lo que pudo ser y no fue, la esperanza de un mundo mejor que se vio eclipsada durante cuarenta años de dictadura fascista y que aún hoy arrastra secuelas en la sociedad, que adolece en ocasiones de un profundo déficit democrático.

 

El legado de la II República Española sigue vivo, no tanto en la nostalgia, sino en unos valores que muchos compartimos y que hoy se ven de nuevo amenazados. Desde Junts per Sant Feliu, y de forma pacífica, participativa y democrática, lucharemos por él.